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1. Eranskina
Año 1760. Doctrinas de los Jesuitas de los Domingos de Quaresma:

por quanto convendrá saber en lo sucesivo la novedad, que hizieron los P. Jesuitas de esta ciudad el año 1760 con las Doctrinas que predicaban en bascuence a la una de la tarde los Domingos de Quaresma, se pone aquí desde que se tiene noticia. Este año de 1760 viven personas de todos estados, que se acuerdan que los Padres jesuitas predicaban la Doctrina en bascuence en la Iglesia de su Colegio los Domingos de Quaresma a la una de la tarde; y según persuasión común de las gentes, negociaron con el Vicario de Santa María, que era Larriba Herrera, pasar dichas Doctrinas a su parroquia por no ser turbados en la siesta que los Padres duermen en aquella hora; y para los fines que ellos saben, quitaron al dicho Vicario un papel en que declara que los Padres no predicaban por obligación sino por su zelo y devoción. En virtud de esto, predicaron en Santa María varios años; y para esto parece que algunos Vicarios tenían la atención de pedir al P. Rector señalase Predicador.

Un año siendo Vicario D. Pedro Manuel de Echeverría, y Rector el P. Engrava, hombre grande, y por tanto amigo de tratar con grandes, fue el Vicario a pedir y traer la atención que su antecesor avía predicado; y respondió el Rector, que ya era tarde (eran los días de Carnes tolendas), y no sabía, si avía ninguno que las hiziese, porque era corto el tiempo para prepararse: a que respondio el Vicario, que no importaba nada que no hubiese tales sermones, así que podían omitir. Es de notar, que en aquel tiempo y muchos años predicaba el P. Arteache, y todos los años predicaba la Historia de la Samaritana, repitiendo con mucha frecuencia, Samaritana Andre Bendita, de manera que la gente, como si fuera un proberbio o adagio, decía a cada paso, Samaritana Andre Bendita. En vista de la respuesta del Vicario: Es vuestra merced mui vivo; y era así, que no muerto; se hallanó la dificultad, porque no costaba al predicador, y prosiguieron como antes.

Quando demolieron la mitad de la parroquia de Santa María para su reedificación, pensaron para el sermón de la una a la da San Vicente; dieron su consentimiento el Vicario, que era D. Antonio de Iriarte, mui jesuitado, pero más apasionado de su parroquia y regalías; y aviendo obtenido, pretendieron los Padres Jesuitas otro papael igual al de Larribaherrera, pero se negó, diciendo que no le constaba si predicaban por obligación o devoción. Varios años predicaron en San Vicente, asta que entró de Vicario D. Joseph Antonio de Arrieta, en cuio primer año pasaron a su casa los P. Tomás Guridi, que hacía las Doctrinas, y Domingo Patricio de Meagher, hombre docto y santo, a pedirle púlpito para dichas Doctrinas (las predicadas en euskera): no encontraron en casa al Vicario, porque estaba de paseo con D. Francisco Ramery, después Vicario Foraneo. Y en su presencia dicho Padre Meagher dixo al Vicario, cómo y el fin que estubieron en su casa. Predicaron sin novedad, y sin que dicho Vicario Arrieta ni su antecesor Yriarte, hubiesen pedido jamas las Doctrinas de la una: asta que, viendo los grandes desórdenes que pasaban, de replicar al predicador, hacerle burla mandándole callar y hacer otras indecencias que no se pueden decir, no solo en un templo santo, pero ni en otro lugar profano, pasó el Vicario Arrieta al P. Rector, que era Caietano Dominguez, y le dixo que era intolerable lo que pasaba en aquel sermón por la hora y gente que concurría; y que en adelante no podría sufrir ni consentir semejantes desórdenes. A que respondió el P. Rector que era sabedor de lo que pasaba, y que se hubiera alegrado pensase algún medio para evitar los inconvenientes y desórdenes que pasaban. Díxole el Vicario, que no hallaba otro medio que el de predicar aquel sermón en Santa María después de vísperas, al mismo tiempo que en San Vicente se predican las Vespertinas de tabla. Pareción bien al P. Rector, y el año de 1578 se pasaron y predicaron en Santa María.

El año de 1759, siendo Vicario de Santa María D. Juan Joseph de Orella, predicaron sin novedad, y sin que hubiese pedido tales Sermones. Notó este Vicario con su zelo varias cosas dignas de notarse, como el de no explicarse en buen bascuenze el predicador, por lo que movía más a risa que a lágrimas a los oientes su poco modo, etc. Representó todo al P. Provincial, quando estubo de visita en esta ciudad; añadiendo la poca o ninguna Doctrina Christiana que se enseña a los niños en sus escuelas, etc., de que quedó el P. Provincial convencido, y prometió dar providencia para el remedio, Pero quando se esperaba éste, llegó el nuevo Rector, que era el P. Sierra. Este dio luego con las doctrinas, porque venía bien instruido del P. Provincial. Y el Vicario Orella le dixo las mismas cosas y inconvenientes como al P. Provincial.

El año 1769 antes de quaresma hecharon los Padres la voz, de que se alegraron los que no ignoraban lo que pasaba: y aunque el Vicario esperó con su discreción asta la hora cruda sin explicarse nada, viendo que el Jesuita no iba a predicar subió al púlpito y cumplió su ministerio, con tanto concurso y utilidad de los oientes, como se experimenta de su zelo pastoral siempre que lo executa. Participó lo que sucedía al Secretario del Señor Obispo D. Gaspar de Miranda y Argais; y sin duda informado el Señor Obispo de su secretario, embiole decir con D. Francisco Ramery, Juez Foráneo que por casualidad se halló en Pamplona, "Que se halegraba, diese así el pasto espiritual a sus feligreses y que la Iglesia y púlpito eran suios".