Carta abierta
al Sr. Director de la Caja de Ahorros
Municipal de San Sebastián
Nemesio Etxaniz
1957
Muy Sr. mío:
Es muy posible que este comunicado particular le haga el efecto de una bomba de efecto retardado, pues el asunto a que se refiere ocurrió hace unos dos meses. Pero el caso lo merecía, y conforme he procedido en casos similares, suelo dejar correr el tiempo para que se serene el ambiente y madure debidamente el asunto. Así, después de pensar muchas veces en él y consultar con algún buen amigo, suelo proceder a un acto como el presente.
Antes recurrí al Sr. Gobernador para hacer oír la voz de la Verdad y de la Equidad en las esferas del Poder. Hoy acudo a Ud. para lograr, por lo que está de mi parte, el que no se repita un acto por demás desconsiderado, y evitar otras nuevas víctimas del Poder abusivo que padecemos. Y vamos al asunto.
Un buen día acudí a una llamada suya a su despacho y tuve la sorpresa de oir de sus labios que tendrían que prescindir de mí en sus emisiones de radio. Los cargos que se me imputaban eran que yo colaboraba en revistas de fuera y que había acudido a no sé qué reunión.
El caso era como para hacer saltar a cualquiera. Con todo, no le hice ninguna escena, y tan sereno me vió Ud. que hasta se permitió preguntarme quién me parecía que podía sustituirme en mi labor de la radio; y llegó a interrogarme si era verdad que yo hubiera colaborado en dichas revistas.
Ud. no lo creía así. No obstante, con un sentido de la Justicia muy extraño, para entonces se me había juzgado y condenado a la pérdida de mi puesto.
Sabía el Sr. Dorronsoro que con esa medida se me dejaba en una situación económica poco airosa, y en un momento de debilidad me encargó que prosiguiera escribiendo para la radio y que Uds. tratarían de encontrar un locutor que recitara mis trabajos. Parecía que la Caja de Ahorros Municipal quería dar la sensación de portarse con cierta dignidad.
Al cabo de muy pocos días, olvidados del encargo que me habían conferido, andaban Uds. detrás de Basarri con la idea de suplantarme en mi labor. No se cuidaron de notificarme su decisión ni me indicaron que cesara de escribir con destino a las emisiones. Eso lo tuve que adivinar.
Bien podía haberme atenido a sus palabras anteriores sin preocuparme de pedir explicaciones a nadie, y considerarme en mi puesto mientras no se me notificara lo contrario; pero me lo impedía mi natural manera de ser. Así es que decidí por delicadeza poner en sus manos mi cargo, en vista del cariz que tomaban las emisiones con la participación de Basarri.
Si la Caja de Ahorros Municipal hubiera obrado con la misma delicadeza con que procedía por mi parte, la respuesta parece que debía haber sido una parecida a ésta: «A Ud. no le ha despedido nadie. Prosiga escribiendo para las emisiones y Basarri se encargará de leer sus trabajos al mismo tiempo que los suyos propios».
En lugar de esa respuesta obtuve una queja absurda de que yo procedía sin pensar más de una vez las cosas y de que había comprometido a la Caja de Ahorros Municipal por haberme dirigido directamente al Sr. Gobernador en vez de dirigirme a la Autoridad por mediación de Ud.
La observación era tan ilógica que todos aquellos a quienes se la refería se me echaban a reir. ¿Cómo podía yo acudir a remediar el caso por mediación de un señor que se me declaraba desbordado por las circunstancias e incapaz de retenerme en mi puesto? Lo lógico en mi caso era acudir a la cabeza, como lo hice después de haber hablado del asunto con personas que se interesaban sobre el mismo.
Sin embargo, me intrigaba el que una persona tan sensata como el Sr. Dorronsoro me hiciera tal cargo, y dándole vueltas a la cosa, traté de discurrir en qué circunstancias pudiera ser razonable su deseo de que yo hubiera acudido por su mediación a la Autoridad. Así brotó en mí una sospecha que al principio me pareció disparatada, pero que poco a poco fue adquiriendo verosimilitud.
Suponiendo que Ud. me hubiera desfigurado la verdad, era únicamente como podía ser lógico su deseo de que yo hubiera acudido por su mediación a la Superioridad. De esa manera, Ud. hubiera podido seguir ocultándome la verdad y no se hubiera descubierto el dato que se había tratado de mantener oculto.
Decidí en consecuencia hacer algunas averiguaciones por mi cuenta y en breve pude descubrir con gran asombro que aquello de que «le habían apretado al Director de la Radio» era puro cuento. La presión por lo visto se había ejercido sobre la Caja de Ahorros Municipal de San Sebastián; y eran Uds. los que habían cedido a esas presiones con un proceder difícilmente explicable.
Que el Director de la Radio, un alicantino desconocedor de nuestro ambiente, hubiera cedido, estando enrolado en la Falange, hubiera sido más excusable; pero que Uds., conocedores de nuestras cosas, se hubieran conformado en dar un paso tan desconsiderado para cualquier persona y más tratándose de un sacerdote, resultaba muy poco glorioso. Encima, había Ud. intentado endosar la responsabilidad del caso a una persona que no había intervenido en el mismo.
Todo ello es muy humano; pero no creo que le cause ninguna satisfacción el considerar lo hecho. En efecto, se ha procedido en el asunto con todas las garantías para cometer un atropello inútil. El delator, a pesar de tener la Autoridad de su parte, se mantiene en el más cobarde anónimo. El acusado es condenado sin ser oído, cuando la defensa era tan fácil.
Todo este bollo se ha armado a raíz del asunto de la Librería Easo, y por haber hallado en casa del Sr. Zapirain unos números de la revista literaria Euzko-Gogoa, editada en Bayona.
La revista en cuestión es puramente literaria y mis artículos no contenían nada que oliera a política. Tanto el Director de dicha revista como yo, hemos estado con el Sr. Gobernador, a quien le hemos notificado las gestiones que se hicieron en su día para publicarla aquí; y sólo después de ver la inutilidad de las gestiones, se decidió su publicación en Bayona, costándole a su Director mucho más cara su edición de lo que le hubiera supuesto aquí.
La REUNION a que Ud. aludió en su entrevista, no sé qué clase de reunión será, toda vez que no se me precisó nada. Pero la única que pudiera merecer tal apelativo de reunión, se celebró en Septiembre del año pasado (tres meses antes de empezar nuestras emisiones). En ella tuvo una parte muy importante la sección cultural y religiosa. Por eso acudieron a ella sacerdotes tan ponderados como Don José Miguel de Barandiarán y otros que siguen ejerciendo sus cargos de párroco en Guipúzcoa y Vizcaya. Ninguno de ellos ha sido depuesto ni molestado.
Y aquí viene lo asombroso. Ha habido personas encarceladas y procesadas a raíz de este asunto. Ha habido sacerdotes citados a declarar. El único que no ha sido molestado ni por el Juzgado ni por la Policía he sido yo. Sin embargo, todos los demás siguen en sus puestos. Solamente yo he recibido la sanción más radical de ser desposeído de mi puesto.
¿Pero qué ocurre en esa Caja de Ahorros Municipal que ve tantos peligros y compromisos donde los demás no ven ningún duende? ¿Cómo no se comprometen las entidades que mantienen en sus puestos a los procesados? ¿Cómo, en fin, no se ha venido a tierra el Círculo Cultural Guipuzcoano, manteniéndome en mi cargo de profesor de vasco a pesar de ser un organismo tan oficial? ¿Tan poca resistencia tiene esa Caja de Ahorros, que se cuartea con mi permanencia en sus emisiones? ¿Y no temen que por complacer al César o a un número reducido de caciquillos que maniobran en la sombra, se malquisten con todo un pueblo que observa con tanta indignación cada atropello cometido contra personas que lo defienden?
Un cura político es una estupidez; pero no confundamos los términos. El defender la Justicia que se le niega a toda una sociedad por tantos años, no es política. El disentir de una Autoridad que pisotea la Equidad y mantiene un régimen completamente arbitrario e injusto, no es política. En esos casos el sacerdote no sólo puede sino debe declararse de parte del pueblo y de la Justicia hollada.
En tiempos normales un caso así hubiera hecho rugir a la Prensa Católica. Enseguida hubieran hecho causa común con el atropellado y nadie se hubiera atrevido a ocupar el puesto del removido, so pena de ser considerado como un esquirol.
Si se pone a considerar el mal que se ha causado a las conciencias y a los criterios de toda la sociedad actual, no podrá menos de entristecerse conmigo al ver que personas en otros aspectos normales han cedido con tanta facilidad, contribuyendo con su falta de entereza a atropellar a un sacerdote en la forma más desconsiderada.
Nuestra seguridad y comodidad particular no vale nada aliado de ciertos valores. Ni la existencia de la Caja de Ahorros es un valor que haya que defender y proteger a cualquier precio. Mucho menos elegante resulta todavía el pretender desviar la responsabilidad sobre personas ajenas a toda intervención en mi caso.
En fin, pudieran Uds. creer que estoy resentido contra Basarri. Nada tan ajeno a mí. Creo que han tenido un gran acierto en agregarlo a sus emisiones. Si no le indiqué que lo trajera fue porque creía que andaban Uds. afinando el presupuesto de las charlas radiadas y me parecía que no estaban dispuestos a gastar más.
De todos modos, se puede Ud. figurar las pocas ganas que puedo tener de acudir a su despacho. No veo que el asunto tenga arreglo a estas fechas; y sería una nueva pérdida de tiempo el entrevistamos de nuevo.
Si Ud. tiene alguna manera de probarme que mis afirmaciones no son conformes con la realidad y que Uds. no han sido los que han cedido a la presión injusta, me alegraré mucho de saberlo. También me interesa saber en concreto de dónde ha partido la presión ejercida en mi caso. Todo ello me lo puede manifestar por escrito, si hay lugar a ello.
Lamento sinceramente el no poderle dirigir unas manifestaciones más agradables. Por lo demás, sabe que puede contar con su affmo. s.s. y capellán.