Primer dia del teatro euskeldun:
«Etxe aldaketa»
(Arte nuestro)
Aitzol
Euzkadi, 1934-05-15
El Día del Teatro Euskeldun, Eusko Antzerti Eguna, es ya una realidad. Ayer todavía era una esperanza, un anhelo; hoy es un hecho ese eslabón primero de una cadena que ligue al pueblo con la escuela práctica popular cual es el teatro racial.
Es el antiguo convento de San Telmo, de Donostia, la más preciada reliquia del arte en la capital guipuzkoana. Con feliz acierto han sido convertidos sus venerables muros en lienzos gigantescos, en los que el pincel prodigioso de Sert ha estampado los rasgos vigorosos de la fisonomía histórica de Gipuzkoa. La imaginación desbordante y fantástica del pintor catalán se ha precipitado sobre los lienzos con tal fuerza creadora, que su obra, llena de movimiento, de energía y valentía, es un himno plástico de los hechos gloriosos de la historia de esta región euzkadiana.
Los bellísimos claustros del vetusto convento dominicano son hoy palpitaciones vivas, más que reliquias muertas, del alma popular artista de Gipuzkoa y de Euzkadi. Lo que el espíritu popular creó tejiendo, labrando la madera, forjando el hierro, organizando su industria rústica pastoril, la de las ferrerías, la labranza... cualquier objeto que revele el genio artístico que animó la inspiración de la raza forman el magnífico Museo Vasco, instalado en San Telmo.
En este suntuoso palacio, impregnado de arte y de evocaciones raciales quiso conmemorar la Sociedad renacentista Euskaltzaleak otra fecha artística, la del Día del Teatro Vasco, que había de nacer precisamente bajo las naves góticas del cenobio dominicano. La nueva floración literaria del renacimiento había forzosamente de ir en adelante ligada al legado artístico que nuestros antepasados nos dejaron como herencia espiritual.
Se nos habló el Día del Teatro Vasco, de la historia, de los balbuceos de la escena euskeldun; se nos indicó la orientación que en esta ruta, todavía apenas trazada, debemos seguir. Sobre todo, se consagró el esfuerzo inteligente de los nuevos comediógrafos que fueron premiados y aplaudidos y se alentó la energía emprendedora de los Cuadros Dramáticos que en los dos concursos salieron triunfadores.
Justo es que hoy glosemos, aunque sea brevísimamente, la obra escénica calificada con el primer premio en el certamen, que precedió a la celebración del primer Día del Teatro Vasco.
Fue esta obra la de Jacinto de Carrasquedo-Olarra, titulada Etxe aldaketa (Mudanza de casa). Trabajo delicado y cuidadosamente escrito por un espíritu selecto y pulcro.
Es de ambiente rústico y casero; pero hay tanta nobleza en los caracteres que se describen, hay tanta dignidad en los personajes labriegos de esta suave y al mismo tiempo emotiva comedia!
Los personajes aldeanos de Etxe aldaketa son tan campesinos como los de aquellas astracanadas que, a veces, se acostumbraban ver durante las representaciones teatrales de Santo Tomás en Donostia. Pero entre aquellos protagonistas y éstos media un abismo, con estar los unos y los otros arrancados a la cantera viva de personajes que viven en derredor del caserío euskeldun. Los de la comedia que nos ocupa son tipos conscientes, inteligentemente movidos que representan cada uno no un estado anecdótico, burlesco o satírico, sino que más bien encarnan una idea o un aspecto sociales.
Hay en toda la obra una profunda concepción social vasca, repleta de hondo sentido filosófico. Es, en resumen, este argumento el traslado de una familia que, abandonando el caserío, enclavado en la montaña, se afinca en un piso alto de la casa callejera de una de nuestras villas. Ya de antemano se había trasladado al pueblo el hijo, para trabajar en un taller. Las muchachas soñaban con la idea de hacerse «kaletarrak». Ceden por fin los ancianos padres y el traslado se verifica. La seducción de la calle no tarda en manifestarse instantáneamente.
Apenas instalados, los hijos son arrastrados por el bullicio callejero, que ocasionalmente explota. La gente joven abandona la nueva residencia y los padres, repentinamente, se hallan solos.
Sienten éstos en su derredor la compañía de una soledad hasta entonces no sentida jamás en el caserío. Quieren alejar de su mente esta consideración, que como acerado cuchillo les rasga las entrañas.
¡Ah, también en el caserío solían hallarse solos!
Pero es en este momento, el más bello de la comedia, cuando el viejo nekazari Bartolomé, haciéndose eco del sentir de las mil generaciones campesinas, exclama en un primoroso párrafo, lleno de lirismo y filosofia: «Jamás en el caserío encontramos esta soledad. En su derredor todo nos era familiar: el ladrido del perro, el cacareo de las gallinas, los mugidos de las vacas; todos los ecos de las montañas tenían gratas resonancias en nuestros oídos. Además, sabíamos por dónde andaban nuestros hijos. Mas aquí...».
Temen por sus hijos, hasta entonces puros y sencillos. Tiemblan pensando que aquellas flores silvestres, recatadas y sanas, se marchiten en el fango de las poblaciones.
La escena de los dos ancianos, escena de dolor e inquietud, está trazada con mano maestra. Es un contraste que refleja las psicologías diversas de la raza: la de la montaña, sencilla y humilde; la de las poblaciones, complicada, turbia, temible. En Etxe aldaketa no se dan soluciones a este problema. En ella solamente se plantea el conflicto con suma discreción, con delicadeza. Con todo, hay una lección para el espectador dotado de mediana cultura: el dolor y el desasosiego de dos ancianos campesinos desgajados del caserío, donde nacieron y vivieron.
Con esta obra teatral abre Euskaltzaleak en su revista Antzerti la galería de piezas cómicas y dramáticas, que se irá nutriendo en años sucesivos con las premiadas en los certámenes que siempre precederán a la celebración del Día del Teatro Euskeldun, Eusko Antzerti Eguna.