Euskararen Donostia PatronatuaDonostiako Udala
Gorostian gorosti
Dokumentuak
 
Dokumentuak
gaiak: Antzerkia

El organizador del teatro vasco

(Don Toribio Alzaga)

 

Aitzol

Euzkadi, 1930-12-21

 

        Hacia el año 1868, en la entonces calle Agorreta del lindísimo pueblo de Ziburu, se estrenaba la comedia «Idiyarena», cuadros de costumbres koxkeras, compuesta por el popular Soroa en su destierro. Formaba parte del cuadro escénico, integrado por refugiados donostiarras, un jovencito que apenas había cumplido los catorce años: el que más tarde había de ser el propulsor del teatro euskeldun, Toribio de Alzaga.

        «Idiyarena», el entremés cómico escrito en castellano, con realismo, llevaba engarzado en el desarrollo de su trama unos pequeños diálogos en euskera. Los refugiados donostiarras aplaudieron la obra. Decidióse que cuando las circunstancias lo permitieran había de representarse en Donostia.

        Malos eran aquellos años de revueltas y guerras para dedicarse al teatro. Sin embargo, el joven abogado donostiarra Soroa se sentía atraído por la escena, como también le apasionaba el estudio de la Prensa. Una poesía satírica, publicada en un periódico por él fundado y molesta para las autoridades, fué la causa que motivara su destierro.

        En los forzosos ocios de su destierro creó en la villa de Ziburu la Sociedad llamada pomposamente «El Trueno», cuya finalidad era la de fraguar «Tempestades», término convencionalmente ridículo para designar las representaciones teatrales. Estas eran siempre en erdera. Providencialmente, y sin intentarlo el autor, de unos modestísimos diálogos iba a brotar el teatro euskeldun.

        Años más tarde, en el clásico y tradicional Teatro Principal, volvióse a representar el entremés festivo «Idiyarena». El éxito animó a Soroa a iniciar el teatro vasco. Ya para entonces había organizado el grupo «Infantil de Gimnasio», que, bajo su dirección actuaba, como comparsa cómica, en unos locales de la calle Peñaflorida.

        La primera comedia netamente euskérica que se representó en Donostia fué «Anton Caicu», original del señor Soroa. El público, ávido, sin duda, de cosas que le hablaran al alma, aplaudió frenéticamente la obra. El autor, deseoso de dar renombre a aquel acontecimiento, envió su comedia a renombrados literatos. Víctor Hugo agradeció el envío y Mistralle honró con una magnífica carta. Mistral alentó este brote del renacimiento vasco con sincera efusión: «Aunque desconozco vuestra venerada y célebre lengua, me asocio fraternalmente al movimiento del renacimiento, del cual vuestro «Anton Caicu» es uno de sus más poderosos y brillantes síntomas, y en nombre de la «felibresía» provenzal estrecho la mano entusiasmado a los hermanos ultramontanos que, como nosotros, luchan para salvar su genio nacional y levantar la lengua y el honor de su raza». Un extraño a nuestro país, pero identificado por la misma causa, nos declara con evidencia el aprecio que debiéramos profesar a los primeros iniciadores de nuestro resurgimiento literario.

        Marcelino Soroa llegó a escribir otras ocho obras escénicas vascas y que en aquel tiempo merecieron ser premiadas por su valor literario. Hoy seguramente no habían de merecer el mismo aprecio, pero es necesario para la crítica imparcial situarse en el ambiente que rodeaba a estos esforzados iniciadores de nuestra literatura.

        Modestos y humildes artesanos, dotados de un gran entusiasmo, intentaron continuar por la senda emprendida por Soroa, agrupándose en «Euskaldun Fedea». Pero no tardaron muchos años sin que ellos mismos se sintieran anonadados por sus propios fracasos.

        Débese a la iniciativa feliz del señor don Avelino de Barriola, por aquel entonces concejal del Ayuntamiento donostiarra y comediógrafo tres veces premiado en los Consistorios de los Juegos Florales, y a la inteligente actividad de don Toribio de Alzaga, el que no se frustrara el esfuerzo realizado por el iniciador benemérito Marcelino Soroa.

        En efecto, la Cátedra de Declamación Eúskara se constituía en primero de febrero de 1915, bajo la dirección del señor Alzaga. Heredero del espíritu escénico festivo de Soroa, continuó el señor Alzaga algún tanto alejado del grupo que integraban los de «Euskaldun Fedea», siendo director de escena del Centro Católico, donde se representaban obras castellanas y euskéricas.

        Con la apertura de la Cátedra de Declamación Eúskara bajo el patrocinio de la Diputación gipuzkoana y el Ayuntamiento donostiarra, con local propio y la entusiasta dirección de Alzaga, iba a entrar el teatro vasco en una etapa de relativa fecundidad y progreso.

        Que esta entidad no ha fracasado nos lo demuestran las estadísticas de sus representaciones y las obras estrenadas y el prestigio de que goza el Cuadro dramático donostiarra.

        Al cumplir los diez años de actuación había el Cuadro dramático representado 44 obras distintas: diez en tres actos, nueve en dos, dieciocho en un acto y un monólogo. Las representaciones de estas obras habían llegado a la cifra de 117. Debido a las anormales circunstancias que desde el año 1925 han acaecido, no ha podido inaugurar muchas obras nuevas, pero actuando con exquisita prudencia ha podido ir amontonando el número de las representaciones con éxito creciente.

        Ya en estas mismas columnas han aparecido los títulos y el número de producciones del señor Alzaga. No hay por qué volverlas a mencionar. Pero, aunque a la ligera, no queremos dejar de hacer una rápida semblanza de su valor literario. Para nosotros la cualidad principal de don Toribio es la que principalmente debe adornar a un comediógrafo: la de un sutil y profundo psicólogo. Su observación, principalmente, se ha ceñido a los tipos populares, que los estudia magistralmente. Es este el ambiente en el que se mueve con más desembarazo.

        Sin embargo, ha sabido unir a su observación psicológica los quilates de su rica fantasía. Andre Joxepa Trompeta es una exuberante floración de su imaginación lozana. Esta misma cualidad resplandece en la hermosa adaptación que bajo el título de Irritza hizo en euskera de la obra célebre de Shakespeare, Macbeth. Sus dotes de adaptador histórico resplandecen en el drama Amantxi. Con todo, el señor Alzaga pasará siempre por autor que maneja con destreza el fino humorismo, castigando los vicios con un discreto sentido del ridículo, de oro de ley. El debe ser llamado, en justicia, el creador del teatro popular vasco. El lo ha sentido en el alma, ha intuido la belleza del tipo popular vasco, del kaletar, sobre todo, y nos lo ha dejado fielmente retratado en su teatro.

        Sin duda, merece el señor Alzaga un estudio reposado para que la crítica aquilate sus valores innegables. Las facetas de su actividad han sido múltiples en el campo de las letras vascas: autor dramático, director de la fenecida revista «Euskal-Erria».

        Esta enorme labor en pro del resurgimiento del euskera le ha hecho acreedor a un ferviente homenaje. La Sociedad Euskaltzaleak, sensible a estos deseos de la opinión euskeldun, recogió este anhelo y hoy tributa esta manifestación de gratitud y admiración a su fecundo trabajo.

 

 

 

gaiak: Antzerkia
Gorostian gorosti Ogi-gainekoak Mapa Kronologia Gaiak Afalondokoak