Hay que darles la razón
Karlos Santamaria
La Voz de España, 1966-02
[...] Toda esa crítica me parece perfecta; no tengo nada que objetar contra ella. Pero temo que insensiblemente se derive por ese camino a concepciones inmovilistas menos deseables. Corremos, en efecto, el peligro de terminar defendiendo lo pintoresco sin lo vital; el color sin la materia; lo accidental sin lo substancial. La tradición sin la vida. [...] Y la vida es, ante todo, movimiento, mutación y novedad permanente.
[...]
Cuando en nombre del folklore tradicional, del que nos viene del pasado, se trata de condenar el folklore vivo, el que está naciendo ahora, importando quizás de América todo ha sido importado de alguna parte entre estruendo de guitarras electrónicas, creo que se comete un error. Porque sin fecundación no hay multiplicación de la especie. No veo por qué la entraña popular vasca vaya a ser incompatible con el ritmo «yeyé». Al contrario, me felicito de que la vieja lengua de Aitor haya sido capaz de encontrar ahí un campo de expresión, porque esto significa que está aún viva y que en ella subsiste aquella capacidad de adaptación que algunos, como Unamuno, habían pretendido negarle definitivamente. Nuestros jóvenes no quieren saber nada de un «folklore» que huele a naftalina. Y en esto no hay más remedio que darles la razón.